lunes, 18 de febrero de 2019

La peor arma (extendida)


la Peor arma
Créditos de la imagen a su creador.

Se escondía siempre tras unas hermosas palabras sin punto final.
Aquella noche había preparado el revólver y lo escondió en su camisola.
Aprendió a besar el cuello con pasión y lentitud,
el cabrón sabía cuál era mi punto débil.

-<<Con lo feminista que eres, no sé cómo acabaste con él>>.
-<<Porque no lo conocía bien>>.

Para cuando quiso disparar, yo no lo pude esquivar.
Alzó el revólver y con el gatillo disparó a mi entrepierna.
Me ardió y me la quitó.
Me arropó con una seducción de seguridad y yo dejé que, durante esas semanas,
el colchón no cogiese polvo.

¡Ay, madre!
Cuando floreció el último capullo de la flor,
cuando se cayó la primera hoja del otoño,
apareció arrogante y con aires de superioridad.
Que no entendía nada,
que yo me escapaba,
que había emprendido una huida hacia ninguna parte.
Y no era mentira.

Había huido porque me di cuenta de su calumnia.
Hijo del Patriarcado.
Disparó y no me dolió.
Le había devuelto el arma con tintas de morado y un:
<<Me has hecho más feminista. Me amo>>.



Para entendernos, es mejor ponerles nombres a los dos personajes, más que nada, porque así, el poema es real, tan real como tú y yo. Además, dicen que, si no le pones nombre o comentas en voz alta el problema, nunca será real. Pongámosle Ana, es el primer nombre que se me ha venido a la cabeza, y … Juan.

Ana es una chica común que acaba de empezar su primer año de carrera. Es extrovertida, apasionada, carismática, humilde y amigable. Le encanta conocer a personas, aunque eso de no encajar en un grupo selecto le da poca importancia. Para ella, prevalece más la calidad que la cantidad. Un dicho entre generación y generación en cuanto a amistades se refiere. Y así es, el primer año de carrera es un vaivén de emociones para un cuerpo tan pequeño como es el de ella. Para su metro cincuenta y seis exacto. Ni centímetro arriba, ni centímetro abajo.

Es así como empieza esta historia. La historia de Ana, Julia, María… la historia de un personaje femenino que conoce a una persona.

Ana no ha mantenido relaciones íntimas con nadie. Más que nada, porque para ella es un tema muy personal y nunca ‘’se ha sentido’’ preparada para ello. Pero Ana quiere experimentar este año, experimentar como es el fundirse en una sola persona. Para ello, tendría que esperar a que sus amigos la invitasen a una fiesta y conociese a aquel detonante. 
Vestida con sus mejores galas, la joven asiste a aquel pub donde se celebra la fiesta. Se siente observada e intimidada por algunos que comentan cuánto desearían llevársela a la cama esa noche, drogarla para que no sea consciente y… quién sabe si violarla. Total, ella no se iba a enterar. Se le echaría un poco de burundanga y la chica sin nombre, pero con un simple vestido que realza su figura, sería un perfecto trapo manejable que, al día siguiente, sería dejado a la intemperie, destrozada y magullada.

Pero Ana puedo ser yo, mi vecina, tu hija, prima… Ana somos todas en alguna ocasión de la vida a quién siempre nos han dicho: ‘’nunca te separes de tu grupo de amigos y NUNCA dejes la bebida sin vigilar. Ten mucho cuidado. Usa protección, sé consciente de todo cuanto haces. No te vayas con desconocidos…’’.

Al lado suya, mientras ella pide en la barra una copa, un joven se le acerca. Parece calmado e interesado, como si acabase de ver a una gacela inofensiva. Es su momento de salir a cazar y parece que aquella presa está sola. Sola en el sentido más real de la palabra. Sabe perfectamente que está acompañada, ha analizado el terreno antes de acercarse cautamente.
La llena de halagos no incómodos, hace uso del poder que tiene: la labia. (‘’Se escondía siempre tras unas hermosas palabras sin punto final’’) y en unos minutos su predicción es un 100% efectiva. La joven cae cautiva de sus palabras.

Aquella noche, el león no acabará solo en la cama, se llevaría a la presa y la degustaría exquisitamente. (‘’Aquella noche había preparado el revólver y lo escondió en su camisola’’.)  
Él sabe perfectamente lo que le puede gustar a aquella gacela, a aquel cervatillo, es el mismo patrón, o eso piensa él, de todas las mujeres. Adquirió la habilidad de besar lentamente, sin detenerse en pasiones ni tener miramientos, al haber experimentado entre tantas; desea introducirse en ella, encajarse como una pieza de puzle, pero para ello debe de acceder. Y el cómo hacerlo es demasiado fácil. Besarle el cuello y, así, ella abriría las piernas. (‘’Aprendió a besar el cuello con pasión y lentitud, el cabrón sabía cuál era mi punto débil’’).

Al principio, Ana no está segura, no sabe si debe de continuar con esto o con lo otro. Experimenta en sus carnes la primera vez, insufrible, puesto que el león no tiene muchos cuidados más allá de las palabras bonitas (‘’Alzó el revólver y con el gatillo disparó a mi entrepierna’’, ‘’me ardió y me la quitó’’). Comprende que el mito de la primera vez que tantas veces ha leído en libros de novelas juveniles, hablado con su grupo de amigas y visto en películas es una falacia inventada.
Sin embargo, tras el ocaso, llega el alba y durante las semanas siguientes Juan encuentra en Ana un buen pasatiempo con el que entretenerse. (‘’Me arropó con una seducción de seguridad y yo dejé que, durante esas semanas el colchón no cogiese polvo’’).

Quedan todas las veces que pueden, tienen sexo y, luego, no se vuelven a ver hasta que Juan quiere. Empero, muchas de las veces Ana termina llorando. No entiende muy bien el por qué. Sólo sabe que se está autoengañando, que eso no es lo que quiere. Sabe que hay algo en su interior que le quema.

Juan aparenta ser un ciervo con grandes cuernos, le agasaja y la seduce. Pero… nunca tiene tacto cuando ella solloza, cuando le da ansiedad tras terminar. Nunca hablan de temas externos. Ni un ¿cómo te va el día?, mañana creo que va a llover. He aprobado esa asignatura que tanto me cuesta o… la he suspendido.

En su lugar todo son: ya debes saber aprender a hacerla. Cuidado con los dientes. Mañana voy a ir a un partido. No creo que sea la mejor opción que vengas, es muy pronto para presentarte a mis amigos. Ese vestido no me gusta, bueno… a ver, me gusta para mí, para que te lo pongas conmigo.

Ana lo habla con sus amigas, quienes dicen que deben de terminar la relación o lo que tengan. Es tóxico e insano para ella. Sin embargo, por mucho que ella quiera, por mucho que sus amigas le dejan ver, no puede. No puede porque siente que está enamorada de él.
(<<’’Con lo feminista que eres, no sé cómo acabaste con él’’>>, <<’’ Porque no lo conocía bien>>’’).

Y click. La bombilla se enciende en su cabeza.

Click es el detonante que le quita la venda.  Una venda que le subyuga. Él no es un ciervo con grandes astas, es todo lo contrario: un león hambriento colmado de sed, que nunca se abastece de ella. Que no está sola, hay más como esta gacela. Todas las noches sale de caza, para ver cuál tiene mejor carne y saciarse hasta que no quede nada de la otra persona. Ese es su juego: vestirse de codero.
Así es cómo empieza a mover ficha. Sin dejarle un mensaje, le ataca por sorpresa. Moviendo ficha por ficha, primero los peones, luego el caballo…

No obstante, el juego no está del todo ganado. Juan se percata que algo no va bien. Ana no le contesta a los mensajes, le deja en visto, no le coge las llamadas, ni a las redes sociales. Colmado de furia le espera a la salida de la universidad. Una buena encerrona y ella volverá a sus brazos. (‘’Cuando floreció el último capullo de la flor, cuando se cayó la primera hoja del otoño, apareció arrogante y con aires de superioridad’’).

Espera hasta las dos, la hora en la que ella sale y allí está. Deslumbrante, más bella que nunca. Parece que ha recuperado el color de piel tras tantas batallas perdidas con la luz del flexo. Su sonrisa… ¡qué hermosa es su sonrisa!, ¿se ha teñido el pelo? Ahora está colorado. Perfecto con sus ojos azules. Y su cuerpo, ¡oh, su cuerpo! Aquel que ha recorrido tantas veces sin prestarle la mayor importancia. ¿Dónde tenía el lunar? , ¿en el vientre o al lado del tobillo? No lo logra recordad. ¿Por qué? ¿Y por qué, con seguridad, Ana le comenta que es un hijo más del Patriarcado?, ¿¡de dónde ha sacado esa seguridad en sí misma, si cuando estaba con él era un cachorro indefenso!?, ¿por qué, por qué la ve más fuerte?, ¿por qué siente como su ego corre peligro y se va disminuyendo ante la gigante suela del zapato de Ana hasta que lo aplasta? (‘’Que no entendía nada, que yo me escapaba, que había emprendido una huida hacia ninguna parte. Y no era mentira. Había huido porque me di cuenta de su calumnia. Hijo del Patriarcado. Me disparó y no me dolió’’).

Mas en todo ajedrez hay un vencedor y un vencido; y en este… alguien ha visto demasiado tarde el Jaque Mates. Sin darle tiempo a mover el rey, la partida se queda con un claro vencedor. La reina ha ganado al rey del otro bando. ¿O quizás es la torreta fuerte y en línea recta? (‘’Le había devuelto el arma con tintas de morado y un: << Me has hecho más feminista. Me amo>>’’).

Y como si de una torre de naipes inexpugnable se trata, el ejecutado la derriba. Con un marcador 1 – 0 y una clara victoria vista desde las gradas.

domingo, 13 de enero de 2019

13-01-19

 




Eh, Azahara, eres fuerte. Eres fuerte con todo lo que has pasado y pasa.
Eres una luchadora innata desde que naciste.
Y te repito esto para que lo leas y te mentalices de que sí, de que eres así.
Con cada curva y cada kilómetro de piel desde arriba hasta abajo.
Eres aguerrida.
¡Ya va siendo hora, lechuga!

Eres fuerte,
y te lo repito para que te acuestes con este pensamiento y no con algunos otros que te nublan la mente
y provocan que te caigas ,otra vez, al precipicio.
Azahara, la salud mental no es ninguna tontería, créeme, a mí, sí, a la niña de dieciséis años que ha ido creciendo a la misma par que tú y está harta, HARTA, de verdad te lo digo, de verte caer sin demora.
[Porque no haces nada más que caer]
Y a saber cuándo te levantas.
Pero mírate, amor mío, mírate y disfruta de ti y de los pequeños placeres de la vida, del tiempo,
porque el AVE pasa a toda velocidad y a saber cuándo volverá a pasar.
¿Entiendes?
Venga, niña, sé que estás sonriendo.
Sabes que tengo razón.
¡Cómo no voy a tenerla!, si más que te cielo yo, nadie lo hará.
Anda niña, ámate y recorre ese cuerpo con tus manos.

Que ya te has martirizado suficiente durante estos años.
Nos has provocado idas y venidas, distanciamientos y grandes conflictos internos.
Anda, niña, corre, corre y grita al espejo lo hermosa que eres.

Eres mucho más que una imagen exterior.
Eres aguerrida, emotiva, pasota, humilde, leal… eres un conjunto de adjetivos que te esculpen en la obra.
Niña, corre.
Corre, niña.
Cuelga el arma en el perchero, ya va siendo hora.
I miss you.


jueves, 3 de enero de 2019

Cándida





Se ha ido la luz,
para darle cabida a la oscuridad y al silencio.
Se ha ido la luz y he buscado velas para alumbrar y no sentir la soledad.
Se ha ido, quedándome a solas con el eco de mi voz.

Y ha vuelto, pillándome encendiendo velas a diestro y siniestro,
combatiendo la oscuridad que aquí adentro se había hospedado por minutos.



📷: Pinterest.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Ey, How are you?



Hola, pequeña, ¿qué tal todo por allí? Espero que no esté demasiado frío para ti, ser de luz.
Por aquí la situación va tomando calma, creo, dentro de lo que cabe. Estamos a diecinueve y en cuatro días tengo la recuperación de Filosofía, esta es la tercera vez que me examino... 

¿Y qué?, ¿cómo es por allí aquel inmenso mar azul? ¿Siente paz? La paz que no tuviste en las últimas horas antes de despegar, que ya sabemos, amiga mía, que no te agradan para nada las despedidas... ¿O esa soy yo? ¡Ay, pequeña! Seguro que te lo estás pasando de lujo, con ese remanso de paz, mientras el viento acaricia tu tosco cuerpo, tus orejas y, de fondo, a Andrea Bocelli, que sí, lo sé, te pillé una vez dormida mientras escuchabas Vivo por ella.

Un clásico.

Sea como sea, allí donde estés, ese plácido y afrodisíaco lugar terrenal te hace bien; tanto que no te veo por aquí, ni siquiera has venido a verme y yo no he ido a visitarte.

Nunca te olvides que aquí, en este músculo que late por vivir, has calado y calarás mucho. Siempre voy a querer tu bienestar, por muy pequeña, pero grande, y revolución, que seas para mis ojos.

Ey, honey, how are your now that you don’t stay with me?

Cuando tu espíritu fantasmal quiera venir de vez en cuando, asómate entre las nubes y busca el faro de luz amarilla que encenderé siempre en la orilla. Búscalo y, allí, estaré yo. Porque aún, no se me ha permitido ir, no tengo el boleto de avión sin vuelta, sólo ida.

Nos veremos pronto, te lo prometo.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Caos





Hace días me tomé un tiempo para mí, supongo que no es ser egoísta al querer darte algo que te falta.
Hace días que todo acaeció y que tras nueve días aún sigue doliendo, claro que me refiero a la pérdida de un ser tan pequeño que me llenó el corazón con tanto amor que es imposible no saber a qué escala, del diez hasta el infinito y más allá de cómo era importante para mí.
Pero hoy… veo sus fotografías y sonrío. Sonrío porque estoy aprendiendo que el duelo necesita más que nueve días y que, en el fondo, todo sana, nunca se olvida, pero con un poco de espacio y coser heridas… el dolor se disipa.

Me cuesta escribir. Tras varios meses he perdido la práctica. El otro día me levanté con las ganas infinitas de dar un poco más de mí, de que el mundo sepa cómo me siento, pero siempre me quedo con la pierna estancada en el fango y un: ‘’ para ti, ahora, todo son problemas’’.
Claro, claro que son problemas, sé que en esta cabeza nada está amueblado, no todo, claro, y que, en ocasiones, cuando la noche cae y la Luna está en lo más alto… me apago y me dejo abrazar entre las sábanas de invierno.

Es curioso, no me he replanteado someterme a otra prueba de amor, porque no sé estar conmigo misma, a solas, como para estar con otra persona, no después de ella.
Lo sé, estoy corriendo en la dirección incorrecta, ¿incorrecta para quién realmente, Azahara?, en un camino que tiene las flechas en dirección opuesta a la de todo el mundo. No estoy lista aún como para empezar de cero, porque, pese a todo, estoy sentada en el filo del alféizar sin saber si me voy a caer en alguna de estas ventiscas fuertes. Me agarro, sé que me agarro con todas mis ganas al borde de la ventana para mantenerme firme.
Estoy corriendo, en dirección opuesta al ocaso. Aquí se nota el frío y esta vez,  por raro que parezca, no es de mi agrado.

Se me acaba de formar un nudo en la garganta, nada está bien y no sé como sacarme a mí misma de esta pequeña caída. Pequeña dice, já, ¿sabes desde cuándo arrastras esto? ¿Dónde está el salvacaídas? ¿Dónde está la cuerda? Y… ¿La mano? ¿Dónde está mi propia mano? Me falta lo más importante de todo: mi propio equipo de salvación. Lo he perdido, debo equiparme de nuevo porque… hacía frío en este vacío interno y recíproco.

Pero… Oh, claro que lo intuyo: volveré, voy a volver. No ahora, no ahora… volveré. Y, entonces, correré implorando que nadie me salve porque ya lo estaré haciendo yo, que habré acumulado el peso en los contrafuertes.
Voy a volver y el mundo va a temblar, porque cuando salga del cascarón, cuando me agarre la mano y me haya dado de hostias contra la puerta intentándola derribar… La bestia se habrá despertado con total lucidez.

Estaré corriendo, dirección opuesta, así que no trates de salvadme.



Créditos de la imagen a su autor.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Iguales


Iguales




Créditos de la imagen a su autor/a.

                      Puede que no me creáis, posiblemente serás así, porque hasta que no lo meditáis y lo veis en vuestras carnes, no sabréis a qué me refiero exactamente. Alguno de los que me pudieseis leer, tal vez, pensaréis que soy una hippie y que me han lavado el cerebro como a muchos otros que toman esta decisión.

                      Hace un año quise ser vegetariana, lo llevaba bien hasta que me di cuenta que, en la vida de todo estudiante, había una colección de tupper que no hacían nada más que agrandar mi imperio del congelador; por lo que no me quedó más remedio que, durante todo ese curso de 2017/2018 tuve que comerme aquellos tochotuppers.
Sin embargo, en el fondo de mi alma, había algo que no andaba bien. Cada vez tenía una cierta inclinación hacia las hortalizas, frutas y demás, me gustaban más incluso aquellas que antes no.

           Pero, como todo, cada cosa lleva un momento de reflexión, y yo la tuve aquel día en que el pájaro que estaba criando -el cual encontré malherido en el suelo de la calle y que tras cuatro días andaba bien-, se me murió entre mis manos. Lloré, lloré con las suficientes lágrimas como para decir un: no sufras, puedes irte. Y como si aquello fuera el comienzo del final, el compendio del prólogo, algo en mí cambió.

            Hasta que no cuidas a un ser que te haya marcado lo suficientemente como para pensar: ¿Por qué me debo de comer a la misma especie que he cuidado? ¿Por qué? ¿Es que no hay otra forma? ¿Es que debemos de matar a los seres que más vida nos da, sólo porque necesitamos ‘’proteínas animales’’?

            La verdad, es que llevaba un tiempo pensándolo. Seguía cuentas veganas y me conocía a amigos que lo eran o, en su defecto, lo intentaban. Así que… realmente fue ese día, cuando la vida de un ser al que le había cogido cariño y, por tanto, habíamos creado un vínculo, se fue en mis manos. Porque sinceramente, me pareció que esperaba a que yo estuviese ahí, para irse. Y sí, podéis llamarme fantástica o miles de adjetivos peyorativos, pero, realmente, no sabéis qué es exactamente todo esto, hasta que no tomáis la decisión.

            Ayer, en una conferencia, un catedrático comentó:

‘’La felicidad es un estado, no es una meta a la que se debe alcanzar como nos la vende en los stands publicitarios. La felicidad está en cosas como escuchar el canto de los pájaros, contemplar el paisaje, escuchar música…’’

            Es verdad, y es así como lo siento yo. Me siento en paz conmigo misma y con todo aquel animal que me rodee. He cambiado mi dieta ,además de las posibilidades que te da otra dieta de poder descubrir más allá de lo que se nos acostumbra a comer en esta sociedad cárnica, aprendiendo a ver a estos animales, desde el más simple como es el mero hecho de una hormiga, hasta el más grande que te puedas encontrar, como iguales: seres que están aquí con alguna función, no para ser simplemente comida del ser humano, llevándoles a la extinción porque el trozo de su cuerno es objeto de gran valor.

            Entre otras, este catedrático, comentó que el futuro era vegano y daba los motivos que eran.  El cambio debería comenzar ahora. Diré, y sigo diciendo, que si amamos a los animales… ¿Por qué no amarlos en su totalidad sin llevarlos a la extinción? ¿Sin proporcionales una vida de químicos, cautiverio y demás? Si empezamos ahora, poco a poco, si nos vamos sumando más, lograremos que todas las especies animales… convivan en paz, dejando que la cadena alimenticia (de éstos) continúe, sin vernos nosotros de por medio.

            Puede que estas palabras no generen conciencia, ni se propague por todo el mundo, pero si alguien las lee, espero que reflexionéis.

martes, 21 de agosto de 2018

He sido, soy y seré


Créditos de la imagen a su autor.



Por ser quién y como soy, he sido criada en una sociedad para traer hijos,
siendo una máquina de crianza, un invento más del capitalismo.
Por ser el cómo, cuándo, e incluso, el por qué no tengo derecho a tener el mismo salario que ellos,
pero luego dirán, que la brecha salarial no existe.
Por quererme libre, los pro-vidas, me niegan el pleno derecho de elegir;
Cuando, perfectamente, mi cuerpo es decisión mía.

Por ser como quiera ser, he sido tratada de promiscua al querer vivir mi sexualidad como desee.
Por ser mujer, me han cosificado en las calles,
empero dirán que ya no se puede piropear, ni realizar cortejos de apareamientos como los animales que somos.

Por querer defenderme de cinco violadores, la justicia los dejó libres, mientras a mí me difunden en páginas pornográficas.
Porque fui, soy y seré de Marruecos, trabajando por un salario con el que pueda sobrevivir,
mi jefe abusa de mí y de mis compañeras.

Que no lleve esa ropa, porque los voy provocando,
que vaya tapada hasta el cuello
y hasta tengo que aguantar si voy en pantalones cortos y un hombre, en una gasolinera, me humilla.
Que para qué voy a luchar, si seremos todas unas feminazis
porque odiamos a los hombres del que aparentemente Dios nos creó: a partir de su costilla
y, por lo tanto, estoy doblegada a su merced.

Pero no soy yo sola.
Yo soy todas ellas.
Y si no pueden gritar, ya gritaré yo.