Tengo una extraña sensación en el pecho, en el corazón.
Gracias a ti me vuelvo a sentir viva.
No es amor, es algo más dulce.
Vuelvo a renacer, estoy viva, me alegro.
Late, late, boom, late.
Siento como late.
Fuerte. Fuerte. Corre y no se tropieza.
Le estás dando vitalidad,
le estás haciendo vivir,
le dotas de placer
le dotas de esperanza.
Late, late, boom, late.
Siento como late.
Fuerte. Fuerte. Corre y no se tropieza.
¿Es la hora?
¿Será que me estoy enamorando otra vez?
¿De la persona correcta? ¿De un nuevo error?
Pero yo quiero volver a equivocarme.
Quiero no ponerme obstáculos.
Late, boom, boom, late.
Está vivo,
lo siento aquí conmigo.
Está llorando de alegría
por ello brinca.
Por él salta
por él tiene miedo a hacerle daño.
Por mí, por mi trozo de hielo escarcha
por el trozo de marfil.
Y quiero sentirlo
en lo más profundo de mi ser,
que me recorra de arriba a bajo
que sepa quedarse
que no tenga miedo al jodido caos
a mis desastres.
Puede que sea él,
el que sepa combatir a mis demonios,
puede que sea una tontería de las 01:19 am
y que cuando me despierte nada de esto haya sentido.
Pero... Late, late, despacito, boom, late.
Me siento viva,
estoy riendo,
le siento poquito,
lo suficiente,
es mío.
Aún late.
Aún tiene ganas de sentir.
Aún puede hacerlo.
Ya lo he matado y castigado muchas veces.
¡SAL, VÍA LIBRE!
Late, despacito, boom, late.
Puede que sea él,
el que sepa combatir mis demonios,
puede que sea un error,
la víctima perfecta que me encarcele
o la inocente que se encadene.
Pero late
y lo siento.
Late y lo deseo.
Lujuria puede ser,
Amor ,tal vez.
Puede que sea precipitado
pero que recorra mis imperfecciones
y se haga oír en todo Madrid.
Y late, despacito, late.
Y le he dejado la puerta abierta
para que mi corazón se desencadene.
Eres libre.
lunes, 27 de febrero de 2017
jueves, 23 de febrero de 2017
Recordatorio.
<<Han seguido otro camino. Los caballeros que las socorren les importan poco. Se valen y luchan por sí solas>>.
Recordad que el sábado 25 a las 18:30 os espero en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Campillos.
¡Nos vemos entre letras!
Es amor hacia mi propia creación.
sábado, 18 de febrero de 2017
Mía.
Ahí están los trocitos del desayuno de esta mañana. Ahí están
en el fondo del vaso de cristal.
Ahí te encuentras tú, dándoles vueltas con la cucharilla del
café, esperando a que por arte de magia desaparezcan, pero no lo hacen. Las
galletas se han consumido en el líquido de la bebida que mamá te ha preparado
con mucho amor. A la espera, de una vez más, que te lo bebas para así tener
muchas energías (de esas que tanto te hacen falta) para aguantar toda mañana en
el instituto.
<< ¿Otra vez me vas hacer lo mismo?>> -te repite
todas las mañanas, con voz firme y dura; aunque por adentro tiene ya todo su corazón
inundado en un mar de lágrimas- << ¿Cuándo vas a parar?>>.
Tú no quieres ver que estás hermosa, que eres un bello regalo.
Tú solo eres una víctima más de esta sociedad. Ni siquiera sonríes ya, no tomas
el desayuno ni otras comidas que tus padres te preparan con todo su esfuerzo y
el amor.
Estás harta, en el fondo quieres que todo esto acabe. Que
mañana no sea otro monótono día, que no te duela el estómago cada vez que haces
el intento de comerte una simple pieza de fruta, o, incluso que no te den
náuseas al caminar.
Has logrado ya lo que querías, verte delgada sin hacer ninguna
dieta o ningún ejercicio. Las otras personas ya te ven rota y sin ninguna
reparación, ellas ya han ganado. Déjame decirte que has perdido en esta batalla
contra tu propio reflejo.
Estás más delgada, se te cae el pelo, se te notan las
costillas y hasta das susto. Déjame decirte que tienes un color de piel
amarillento y que no puedes ingerir nada, ni siquiera beber agua.
Estás mal, realmente mal.
Te escusas diciendo que es la voz de la conciencia la que no
te deja parar, pero en realidad han sido todos estos años en los que se han
metido contigo.
NO SALES, no tienes AMIG@S, el WC se ha vuelto tu más fiel
compañero, ahí van todas tus comidas cuando violentas tu garganta.
Quieres escapar, terminar con esto. Quieres volver a sonreír
porque ya has sufrido bastante.
No quieres verte en un reformatorio, no quieres que pequeños
tubos transparentes te den de comer por la nariz o por las venas. Quieres parar
ya, quieres volver a ser la que eras. (Una chica hermosa para los ojos de los
que REALMENTE te apreciaban, te amaban).
Has aprendido la lección, es hora de pedir ayuda.
Déjate ayudar, ámate, siéntete
lunes, 6 de febrero de 2017
ANA.
Eh pequeña ven, te voy a
contar una historia de esas que tienen principios y que el final, no lo ves tan
claro.
Había
una vez una chica llamada Ana. Sí, te voy a poner a ti de ejemplo porque otro
nombre … no se me ocurre ponerle a esta atrocidad.
Ella era feliz con el
mundo, o el mundo era feliz con ella, según se mirase. Le encantaba ponerse
vestidos que enseñaran sus curvas o un poco de piel, sobre todo lucir el bikini
el verano.
Pero… hubo problemas. La
estación cambió a otoño y ya, la pequeña e indefensa de quince años, no sabía
muy bien qué hacer con su vida porque el frío le sentaba muy mal. Él, junto con
la Lluvia y los Relámpagos, le hacía la vida imposible. No la dejaban lucir su
cuerpo con libertad, ni siquiera si mostraba un poco de piel.
Los meses transcurrieron
y la pobre Ana había empezado a adelgazar un poco porque pensaba que así no
tendría tanto frío y el verano iba a llegar con más rapidez. Se equivocó. Llegó
el invierno y Nieve se sumó a su pesadilla. No le dejaban vivir como ella
quería.
La madre de Ana se empezó
a preocupar, ¿por qué su hija empezaba a contar las calorías si así, lo único
que conseguiría era adelgazar? ¿Es que Ana no percibía que, al perder grasa, el
frío le invadía? No, ella no se daba cuenta. Todo lo contario. Se obsesionó
demasiado. Apenas mantenía el equilibrio y su amiga pelirroja no venía a
visitarla. Su ropa ya no le quedaba tan bien como antes… Era una pena.
La gente partidaria del
Invierno le aconsejaron que se pusiera sudaderas y que debía de comer menos ya
que el verano pronto iba a llegar. En primavera no habría ningún problema ya
que podría lucir sus bonitos vestidos con su nueva figura.
¿Sabes pequeña qué es lo
que sucedió con la llegada de la Primavera? Ana tuvo que ser ingresada de
repente al hospital porque se cayó inconsciente al suelo.
En cuanto los médicos la
chequearon, le dijeron, a ella y a los reyes, que tenía un hechizo maligno que
le hacía repudiar al frío y … que debía ser ingresada para poderlo afrontar. Ana
se puso muy triste. Se miró al espejo del pasillo de aquel hospital y no se
reconoció. Había perdido su bonita cabellera rubia y su rostro, ese de tez
oliva, estaba amarillento… ¿Y sus ojos castaños? Oh, pues… perdieron el brillo
especial y único que siempre albergaba la pequeña Ana.
Pasaron tres semanas, la
primavera aún era dueña y señora del reino. Ana conoció a Mía, con la que se
llevaba muy bien. Ambas se entendían a la perfección, eran muy buenas amigas.
Recuerdo que cuando fui a
visitarla, Ana estaba tumbada en la cama con unos pequeños tubitos que le
proporcionaban alimentos y Mía… bueno ella había sido enviada a su casa porque
los médicos, con sus poderes mágicos, habían conseguido que aceptase el
invierno… Aunque no fue del todo así. A Mía le costó, pero al final, lo
consiguió.
Ana apenas podía moverse.
¡Parecía una princesa esqueleto! Yo le ofrecí un trocito de chocolate, pero
ella, nada más verlo se enfadó conmigo.
No visité más a Ana
porque su conducta no me pareció nada apropiada. ¿Dónde estaba la chica que yo
había conocido feliz? ¿Dónde? ¿Cuándo decidió comportarse así? ¿Porqué?
¿Quiénes fueron los causantes?
Me entristecí. El verano
había regresado y sentí la esencia de Ana en el reino, pero… por desgracia ella
no se encontraba. Me había enterado por los habitantes que se había convertido
en el polvo de las hadas que daba vida a este mundo.
Lloré porque deseaba ver
a Ana vestida con sus mejores sonrisas, con su largo cabello mecido por el viento
de aquel acantilado al que solía ir. Ya no la podía ver… Sólo las hadas habían
aprovechado su última exaltación.
Y colorín, colorado…
El cuento ha
acabado.
No
seas Ana y … no dejes que el Inverno o incluso el Verano te corrompan.
Ponte
los vestidos que quieras, vístete con tus mejores sonrisas. Ríete de tus
cabellos desaliñados…
Y sobre todo no olvides que tú vas primero.
lunes, 30 de enero de 2017
viernes, 27 de enero de 2017
Papá, mamá… ¿Estoy lista para volar?
(Tú y tu arte que queda tan bien en mis argumentos).
16 de enero de 2017. Acabo de reflexionar sobre mi vida, sobre mi futuro, debido a que me he quedado estancada. No sé qué es lo que quiero. No encuentro la motivación exacta para recuperar el curso de mis estudios y esto, se puedo comprobar en mis calificaciones.
Pensemos. En España la
tasa de abandono está situado con un 11%, recogido en el año pasado. Bien,
reflexionemos. Esos jóvenes tal vez no quieran estudiar más por x razones, a
pesar que la edad obligatoria para permanecer en el centro son los 16 años,
tiempo ‘’suficiente’’ con el que debemos sacarnos la ESO. ¿Se les motiva a estos para que sigan
cursando sus estudios?
En cuarto de la ESO ya
,las pequeñas cabezas pensantes de un futuro no muy lejano, deben de elegir qué
opción es la más adecuada para proseguir: Humanidades y Salud (Científico). Yo
escogí salud en 4º para luego más tarde decantarme por las letras. No, no sabía
qué hacer con mi vida y ni hacia donde encaminarla.
Cierto es que unos críos
de quince años no saben lo que quieren al 100% en sus vidas. Sí saben algo,
ideas aún no fijas a las que se agarran como un clavo ardiente. Nuestros mismos
padres nos aconsejan: ''Queremos el porvenir tuyo, escoge la mejor opción'' –en
este caso, los sujetos se quedan con la misma dudas-. ‘’Deberías decantarte por
lo que mejor se te da’’ –El ser ve un poco más claro una salida-.
Yo no sabía cuál era la
profesión que quería ejercer hasta que mi profesor de Historia de ese mismo
curso me motivó.
Avanzo un poco contra todo
pronóstico. Curso 2016-2017. Una generación, La Generación del 99. Una
generación que ha sido y quién sabrá si seguirá siendo el conejillo de indias,
de los superiores. Por superiores me refiero a quienes, eso dicen, elaboran
leyes para el porvenir de los jóvenes españoles.
El primero de los cambios
ha sido la normativa de la LOMCE. La reválida nos ha tenido en vela hasta el
último momento. Finales de noviembre y aún no se había firmado un acuerdo.
Obviamente estos señores no están metidos en las aulas donde puedan comprobar
los 366 días del año cómo es el sistema en el que trabajan para mejorarlo.
Tanto el profesorado como el alumnado hemos estado sometidos a una gran duda de
la cual no se nos aclaraba.
Principios de diciembre: nos comentan que el alumnado deberá realizar la Selectividad, pero, atentos,
aún es un borrador. No hay nada claro. Lo único y, por si así decirlo, la
antigua prueba que se había derogado: PAU (Prueba de Acceso a la Universidad).
Quedan cuatro meses para
acabar el curso y presentarnos a la PAU, aún estamos siendo conejos de indias.
¿Cuál es el porvenir que quiere nuestro sistema? ¿Uno en el que el alumnado se
someta a estrés, junto al profesorado?
Antes he comentado que el
alumno de 15 años que no sabía cómo encaminar su vida y que con tan solo esa
edad debe escoger. Bien, saquemos de la caja de sorpresas al alumno de 2º de
Bachiller. El peor curso de todos. En lo que viene siendo nueve meses los
miembros del centro educativo (profesorado y alumnado) deben trabajar a contra
reloj para dar todos los temarios; ya que deben estar aprendidos para la
Selectividad. Si no se puede hacer otras actividades, no importa, ya que
debemos terminarlos.
Una vez que los meses van
avanzando como huracanes, el alumno debe tener al 99% una idea CLARA de lo que
quiere. OJO: adolescentes de diecisiete o dieciochos, con una madurez
adquirida, pero tal vez, no la suficiente debido a que muchos de nosotros
tenemos pajarillos , golondrinas como las de A.Bécquer, que vuelan y van.
En resumen: una edad
temprana a la que debemos estar si o si maduros y responsables como para saber
qué es lo que queremos. ¿Sé yo acaso lo que quiero? No, lo tenía muy claro
hasta que he dado con ciertas asignaturas nuevas y no tan nuevas en este año.
He perdido mi motivación para estudiar y tengo un gran lío. Que si esta ciudad,
que si la otra… Sólo me quedan cuatro meses y por lo máximo en el segundo mes,
como idea, debo saber mi porvenir.
Tenemos miedos,
inseguridades. ¿Qué sucede si esa carrera no es la elegida? Porque esto sucede…
¿Se conoce el porcentaje de universitarios que aún no saben si han escogido lo
mejor para sí?
Si Nelson Mandela afirmó:
<< La educación es el arma más
poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.>>
Se debería de trabajar
tanto como para poderla gozar de algún modo. Los alumnos no saben lo que
quieren con quince o dieciochos al 99% (Hay quienes afirman que sí lo están).
Deberían hacer un cursillo, o incluso que se les otorguen información
suficiente de todos los ámbitos. Incluso si así tuvieran 20 años y siguieran en
Bachiller. Porque esto puede que sea un arreglo, aunque puede también que lo
empeore.
Medidas eficientes para
que él o ella sepa qué desea. Basta de fracasos de abandonos y de conejos de
indias y de generaciones sumidas en el miedo o la indecisión. Mejoremos el
sistema educativo, que sea uno por el cual favorezca tanto al profesorado como
al alumnado.
Nos van a seguir
modificando a sus antojos. Debemos luchar, reivindicarnos y que se nos oigan.
viernes, 13 de enero de 2017
La voz silenciosa.
Gracias por esta preciosa imagen tan a juego con el tema.
La
voz Silenciosa.
Tal vez esto no llegue a ninguna parte. Tal vez no sea
oído por ningunos de los medios de comunicaciones, ni saldré en la portada de
algún periódico. Tal vez no ocurra nada de esto, porque no viviré mucho para
contarlo.
Soy Iralia y tengo doce años. Soy mujer a vista de todos.
Una mujer que encierra el cuerpo del hombre que llevo a dentro. Físicamente soy
toda una chica adolescente no desarrollada aún del todo. Tengo senos, un
vientre con sus pequeñas arrugas, el cabello rubio, una sonrisa con aparatos,
los ojos verdes, la tez blanca, no mido más del metro cincuenta y ocho y peso
sesenta kilos.
Papá y mamá me acepta tal y como soy, porque yo soy un
miembro más de esta hermosa familia que está a punto de … ¡crecer! Ellos me
compran ropa de chico y algún más que otro capricho que quiera. Una vez mamá me
explicó que cuando papá encontrara un trabajo mejor, me llevarían a una clínica
para hormonarme. Aunque ahora mismo puedo hacer uso de la maquinilla que papá
utiliza para cortarse el pelo. Lástima que, ellos sean ignorantes de lo que les
va a caer encima. Me da lástima que la hoja caduca más apreciada de su árbol se
caiga cuando menos se lo esperen. Siento una temible agonía porque sé que no
soy inmarcesible, puedo romperme como lo hace el cristal o el papel. Mi resiliencia,
la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a una situación adversa, se me
ha agotado como le ha sucedido a la bolsa de chuches que se guardaba en el
cajón de la cocina.
Hacía más de un año que mis compañeros de clase se burlaban
de mí. No todos, claro estaba. Elena, Asun, Juana, Marcos, Esteban, Isidoro,
Isa , Teresa, Andrés, Nicolás, Alejandro, Estela y Julieta no se burlaba de mí.
Me querían y apreciaban, o al menos lo hacían antes de la muerte de Julieta. La
pobre era el punto blanco de una diana en la que sus padres siempre atinaban.
Mamá me lo contó una vez. Me dijo que sus padres habían llevado a Julieta a un
lugar donde iba a estar mucho mejor; un retiro de vacaciones por Navidad. ¡Los
padres se iban a otro! ¡A un hotel de rejas donde les iban a ir muy bien! Yo
también le dije a mamá que quería ir, pero ella sólo se limitó a sonreírme y a
decirme que yo iba a un sitio mejor cuando fuese anciano.
Yo me llevaba muy mal con Marcos, Ana, Nadia y Juan.
Ellos se reían de mí porque llevaba ropa de chico y me peinaba como tal. En más
de una ocasión oí de Ana decirme ‘machorra’ y si pasaba por su lado me echaba
perfume de niña de esos que olían muy mal, pero que a ella le encantaban.
En un principio, mis amigos me defendían. Les hacían
frente a esos cuatros que contribuían a lograr que me extinguiera. Me defendían
incluso cuando se peleaban en el aula de clases mientras el profesorado no se
encontraba. Pero… para mi desdicha lo dejaron de hacer cuando Julieta se fue a
un lugar de vacaciones, porque decían que era mi culpa. En parte tenían razón.
Lo era porque ella me escribió una carta diciéndome que me quería (aquella
carta tenía muchos corazones) y que si podíamos quedar en el parque a solas
para tomar un helado o columpiarnos en los columpios. Mis amigos me culpaban de
tal cosa porque si Julieta no se hubiese fijado en mi extraño aspecto físico
seguiría en su casa y no de vacaciones. Se volvieron unos monstruos conmigo;
ayudaban al cuarteto a insultarme. Me pegaban, me pintaban el pelo con pinturas
acrílicas, me conseguían desnudar y vestirme con ropa ‘femenina’ si no la
llevaba. Yo pensaba que esto sucedería solo por unas semanas y que me
perdonarían por lo que originé. Me convencía al transcurso de los meses que
sería efímero… Me equivoqué. Mis
compañeros me tenían como el juguete del aula. La mascota para desahogarse de
un mal día.
En ocasiones escuchaba a mamá sollozar sobre su situación
en el trabajo. Ella dejaba la casa por la noche para salir en bikini y andar
por las calles de la ciudad… ¡Mi madre se pensaba que estábamos en verano
cuando era invierno! Al cabo de las horas regresaba con un poco de dinero en
sus braguitas. Siempre vestida con una de sus mejores sonrisas.
Cuando ella me veía llegar a casa con pinturas en mi
precioso cabello rubio, días con moratones y arañazos, con ropa desgastada o
diferente a la que solía llevar puesta, se ponía tan blanca como lo era yo. Me
excusaba diciendo que me había caído, teníamos una fiesta en casa de Nicolás o
cosas parecidas. Siempre cambiaba mi versión para que ella no llorase, pero lo
único que conseguía era un abrazo cálido y duradero. <<Juro que
encontraré un trabajo mejor y nos iremos de la ciudad. Iremos a otro lugar
donde podamos vivir libre los cuatro juntos. Todo va a terminar algún día,
pequeño trozo de mi corazón>>.
Mamá era tan pero que tan buenaza… Podía dormir con ella
y con papá cuando hubiera tormentas y las pesadillas no me dejaran dormir. ¡La
vez en que las pequeñas y yo nos fuimos a la cama de nuestros padres fue la
mejor experiencia de mi vida! Os aseguro que no lo voy a olvidar jamás, ni
cuando me vaya a ese lugar junto con Julieta.
Papá conoció a mamá en la universidad. Ella trabajaba en
un proyecto sobre las bebidas y él estaba en el último año de carrera. (Mamá es
dos años mayor que él). Ella le entrevistó en los pasillos y, al parecer,
Cupido acertó a la primera. A los dos meses compartían ya un piso y al año
fueron a conocer a mis abuelos, tanto paternos como maternos, quienes aprobaron
la relación. Mamá tuvo que buscar trabajo en un local de peluquería, donde se
cambió de look pintándose el cabello de color rubio y se lo cortó. Po lo que me
ha contado papá, se enamoró más de ella. Yo fui concebido en una tarde de
otoño, nada más y nada menos que en el vigésimo octavo cumpleaños de mi madre.
Al año nací. Todos me querían, me cuidaban como si fuera un gran tesoro… ¿Si lo
hicieron y seguían haciendo mis familiares, por qué no mis compañeros de aula?
He de admitir que con doce años y sintiéndome en un cuerpo
que no es el mío, la situación se me fue de las manos. Empezaba a desear las
vacaciones pronto, el profesorado no se daba cuenta de lo que sucedía y, para
colmo, fuera del instituto también me acechaban. Empezaba a contar los días en
el calendario y los tachaba con el fin de encontrar una salvación en los meses
próximos. Necesitaba una luz blanca que me iluminara en el túnel oscuro del que
no encontraba salida alguna. Había caído en el pozo oscuro de mi vida y me
estaba ahogando solo. Estaba asfixiándome… Sentía mis días contados. Dependía
de un hilo que pronto notaba que se iba a cortar y me iba a dejar…
Apenas tenía apetito, papá se enfadaba conmigo porque no
sabía lo que me ocurría y él también parecía estar enfadado debido a que no le
pagaban lo suficiente en el trabajo; por lo cual mi sueño se esfumaba y eso le
frustraba. No podía dormir por las noches y al día siguiente siempre me quedaba
dormido en el colegio, exponiéndome más aún a mis enemigos. El director llamó
en más de una ocasión a mi casa para contar que me quedaba dormido y mostraba
un comportamiento extraño, poco apropiado, hacia mis compañeros.
Mamá me decía que debía ser bueno con los demás y que si
me sentía menospreciado que se lo contara. Pero yo no era el brujo malvado del
cuento, era la víctima. El anzuelo o trozo de carne que debía ser echado a los
caimanes.
En mitad de la noche me levantaba para coger del segundo
cajón las pastillas que le había cogido a la abuela para dormir. Me tomaba dos
por lo que al día siguiente era lógico que me quedara dormido en clases. Me
solía sentar al final del aula donde pasaba por desapercibido.
Los días pasaban, arrollándolo todo, estrellando cada
cosa que se encontraban en sus caminos. La calma no asomaba, empezaba a creer
que aquel dicho: ‘Después de la tempestad
llega la calma ‘era mentira. Ya no salía de mi habitación, pues esta se
había vuelto mi pequeño lugar seguro a pesar de la noche. Los demonios me
visitaban y parecían haberme cogido aprecio.
Mamá se buscó un trabajo mejor en el supermercado y papá
se encargaba de llevar a las pequeñas a la guardería cuando tenía descanso. Si
no lo hacía él, mis abuelos se encargaban. Él me regaló por mi cumpleaños dos
muñecas preciosas, pero yo las destrocé. Las desnudé y les pinté el cabello
como me solían hacer. Les coloreé ciertas partes del cuerpo en morado y se las
tapé con vendas. Mientras una era dueña de una bellísima sonrisa transparente,
la otra aparentaba soledad. Ambas simulaban las dos caras de una misma moneda.
Mis dos caras. << ¿Por qué le has hecho esto? ¡Sabes el dineral que me
han costado, Iralia!>>. <<Papá>> -respondí antes mi
acusación-. <<Son para un trabajo. El profesor ha mandado que dejemos ver
en un objeto los problemas de la actualidad>>.
Aún me seguían llamando Iralia, aunque no duró mucho. Por
Navidad me cambié el nombre a Hugo. Hugo trajo consigo paz y tranquilidad.
Sabía que mi transformación estaba completa, a pesar de faltarme muchísimas
cosas. Sin embargo, me conformé con poco y me lo arrebataron. Rompieron a Hugo,
como también lo hubieron logrado con Iralia, y me dolió. A este proceso lo
denominé Melancolía.
Asistía a clases con una máscara y un nuevo disfraz. Mamá
fue a hablar con mi tutora para informarle que obtuve otro nombre. Para qué. Aquello
fue lo peor. Las bufas llegaron demasiado pronto: <<Venga Hugo, enseña tu
pito… ¡Ah, que no tienes!>> <<Yo no quiero que vaya al baño de las
chicas>> <<Habrá que hacerle un baño en el patio, para que haga
pis>> << ¡No llores marica, no te dolerá! Sólo queremos ayudarte a
que tengas pito>>. No
es necesario aclarar qué me hicieron. Sólo sé que no pude hacer mis necesidades
sin mostrar síntomas del dolor que aquello me provocaba. Para apaciguar a mi
madre le comenté que me había desarrollado y me pidió disculpas: <<Lo
siento, Hugo, sé que evitas ser mujer>>.
Después de todo, mi vida no había sido tan agraria. Mi
profesora de Lengua se percató de que algo pasaba en el aula. A decir verdad,
sólo un diez por ciento de mis amigos me hacían la vida, día a día, un
infierno. Los otros se callaban por temor a que le metieran la cabeza en el WC,
como a mí, o le pegaran. Eran cómplices del disimulo y la ocultación, no los
culpo. Eran víctimas del grito, mientras que yo lo era del silencio.
Si Ana, junto con su pandilla, hacía papeles para
pegármelos en la espalda; la profesora le regañaba y le mandaba al director. Me
aferré a esa profesora como clavo ardiente. Deseaba que llegara su clase para
que eliminaran a unos cuantos. Sentía que iba ganando, que Hugo e Iralia podían
descansar en paz. Pero no, no. Justo cuando iba a alcanzar el sabor de la
victoria y la gloria, a la profesora le dieron la baja por maternidad. ¿Había
en este mundo algo más miserable que mis sucesos? Volvieron a ganar y yo
empeoraba con cada guerra. Mis padres vieron en mí un cambio brusco. Respecto a
mis calificaciones no habían bajado, se mantenían tales como siempre. Sangraba
tanto por dentro como por fuera. Las cicatrices aumentaban y no sabía cómo
ocultarlas. Empezaba a quedarme sin sangre para el corazón.
Por todo eso y más es por lo que me encuentro ahora
sentado en el filo de la ventana. No quiero que ningún niño y niña pase por el
infierno que he pasado yo. Quiero que ellos vivan al máximo su adolescencia y juventud.
No quiero que nadie le prive de algo tan hermoso como es la vida. Es una
lástima que esto suceda en pleno siglo XIX... ¿Cuántas personas se irán de
nuestras vidas, de las de los demás, de ciudades y pueblos? ¿Cuántas más han de
padecer para que se le ponga fin al acoso? ¿Para cuándo una justicia por nosotros?
¿Para cuándo normas que castiguen a personas con tal maldad? Dejad de decir que
son cosas de niños, empezad a hacerles ver que no es así. Está mal meterse con
otros porque seas ‘diferentes’, porque son ‘raros’ ya que no están bien visto
por ustedes. Empezad a visualizar a la gente como yo, a las personas que no se
sienten afortunados con el sexo que se les han sido otorgados, a las personas
que quieran a las de su mismo género, a aquellas que tengan unos kilos de más,
como las de menos. Empezad a inculcarles que está bien que se defiendan, pero
que no se burlen de los demás.
Si queremos que esta sociedad cambie hay que comenzar por
los que tenemos delante de nosotros. Si cada día le inculcamos lo que es el
mal, los calores de la vida (sobre todo el respeto y la igualdad) no habrá más
muertes por horas y minutos en el mundo. Sino decidme pues, qué hacemos con
esas familias que han perdido a sus seres queridos, que no pueden recuperar a
sus hijos porque personas como las que estáis, estamos, criando las han mandado
directamente a un viaje duradero del que no tienen escapatoria. Tal vez allí
estén mejor, pero os aseguro que es quedaban mucho por ver y crecer. Tal vez
tenían pensamientos de ser, en un futuro, arquitectos, ingenieros, profesores y
maestros, enfermeras, veterinarias, arqueólogas, bomberos… A lo mejor los iban
a llevar de vacaciones por sus cumpleaños, por Navidad y se han quedado sin ir.
Tal vez iban a escribir en sus diarios una buena noticia después de tantas
malas. A escribir un << He superado el acoso, mis compañeros me aman,
puedo ser feliz todo el tiempo restante de mi vida que me han
arrebatado>> <<Mamá y papá no tendrán que estar tristes, ya no
discutirán ni tomarán pastillas para dormir>>.
A lo mejor se han perdido la lluvia de estrellas fugaces
que siempre hay por agosto. El ir al concierto de su cantante preferido, a la
firma de libros, adoptar una mascota, recibir a un miembro más de la familia,
su primer beso y amor, engendrar una familia, adoptar hijos, ser lo que han
querido ser desde que tenían uso de razón. Perjudicar sus vidas con vicios
salvarlas dejándolos. Sufrir de desamor y no entender a qué se debe el vacío
que sienten cuando una persona deja de contactar con ellos.
Se van a perder muchísimas cosas porque callan, porque
son víctimas del silencio, porque son ‘’cosas de niños’’, porque no hay
justicia en este mundo. Se irán en los mejores años de sus vidas para no
volver. Dejando a toda una familia destroza, por las manos del acosador. No
podrán ser reemplazables porque son únicos. Algunos los recordarán mientras que
otros los olvidarán.
¿Cuántos más debemos de caer para que no nos escuchen?
¿Para que escuchen a la voz dormida que no se atreve a despertar porque siente
miedo, un miedo temible que la acecha por las noches cuando duerme y reza para que,
al día siguiente, los compañeros de su clase la acepten? ¿Cuánto más debemos
dejar de morir? ¿Más familias destrozadas? ¿Más víctimas sin ser escuchadas?
En primer lugar, agradezco tantísimo a mis padres…
A ti mamá por ser la mujer que me dio a luz, por cuidarme
y quererme así. Por amar a Iralia y cuidar de Hugo. Por arroparnos y
acurrucarnos en la cama y dejarnos dormir junto a ti. Gracias por sacrificarte
e ir en bikini en pleno invierno y ganarte el dinero para quererme ver vivir como
deseo. Por ser mi capa y espada; ser la mujer de acero. A ti quiero verte
sonreír cuando me reúna con Julieta.
Gracias papá por trabajar para conseguir juntos mi sueño.
Sé lo mucho que deseabas un niño entre la familia. Siento que se te vaya ahora
que lo has conseguido. Me has enseñado a usar la maquinilla, a querer a una
mujer, respetarla y cuidarla. El significado de la igualdad –aunque no todos
sepan lo que verdaderamente es-. Has complacido a mi persona con todo lo que he
pedido. Por favor, no les des esas dos muñecas a las pequeñas. A ellas decidle
que estoy de vacaciones y volveré cuando menos me esperen. Decidle cuánto las
he querido y lo mucho que las voy añorar. Tienen entradas VIP a mi habitación.
A mis abuelos que los he querido tanto. Gracias por
aceptarme y quererme como a uno más. Los cuatro seréis triunfadores. Nos
veremos y nos reuniremos. No desesperéis.
Deseo que , además, contactéis con mi profesora de
Lengua. H asido todo un honor conocerla entre tanta oscuridad. Me ha encaminado
hacia mi utopía y ha salvado a Iralia y Hugo. Será una buena madre.
Cuidad de Charlie como si fuera yo. El pobre me maúlla
desde mi cama. Sabe que me voy a ir, es muy astuto.
Yo
no me voy a morir porque estaré en vuestros corazones. Sólo me doy unas vacaciones duraderas rumbo a
Nunca Jamás. Desde allí lucharé porque el acoso no siga y se extinga.
Gracias por cuidar de Hugo. Gracias por darme los mejores
años de mi vida, por ser cobijo en mis peores momentos y calmar las pesadillas
que no me dejaban dormir.
Os QUIERE
Hugo.
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